Cuando me piden un consejo para entrar al personaje, lo primero que les pregunto es si conocen bien al personaje, porque uno tiene que saber donde se mete, uno tiene que poder dilucidar por donde entrarle, no es cuestión de meterse en un personaje, convencido de estarle entrando a otro.
¿Qué quiero decir con esto? Señores, voy a ser grueso y claro:
No es lo mismo entrarle a Romeo, que entrarle a Julieta.
Mi técnica preferida es “La técnica del PUNTITO”.
A fuerza de concentración, respiración y relajación todo nuestro cuerpo (desde la uña más larga de los pies hasta el pelo más parado de la cabeza) se tiene que juntar en un puntito. Esto es importante:
NO UN PUNTO, UN PUNTITO, PORQUE CUANTO MÁS CHIQUITO ES MÁS RÁPIDO ENTRA. Ustedes me dirán: Pero eso es muy difícil, Crítico.
Yo avisé que no estoy acá para hacérselas fácil.
Nunca dije que fuera soplar y hacer botellas, señores.
También es importante adónde va uno una vez que entró:
¿A la piel o al alma del personaje? Y, una vez allí, hay que saber qué hacer.
Tampoco tenemos que quedarnos siendo un punto, porque si no te terminan tomando por tal.
Es muy importante saber a donde queremos entrar. Y recordar también que no es bueno estar apurado. Para explicarles esto, les dejo un par de anécdotas, que siempre cuento, pero como el público se renueva, señores, acá va:
Una vez quise entrar a la piel de un personaje que me llamaron a interpretar a último momento. Por eso le pedí a una dermatóloga amiga que me recomendara alguna cremita para entrar, ella estaba corta de tiempo y a las apuradas me regalo una muestra gratis. Estuve con un sarpullido molesto un mes y medio. Desde ese momento, siempre acudo al dicho que, como su nombre lo indica, dice:
Con paciencia y con saliva…Adelante sin crema y sin miedo, señores. Vivan de y por la ficción y que de la realidad se ocupen otros.
Kilos de mierda para todos.
Los saluda atte.
El Crítico.Etiquetas: El Critico: una mirada álgida del teatro