No creo que el actor viva mucho más alienado que el resto de la sociedad. Todos vivimos jugando a ser lo que no
somos, sólo que el actor desarrolla una técnica de algo que es
esencialmente humano.
Ricardo Bartís
[+] Ver sitio web de María Fiorentino
En mi experiencia en este oficio, primero fui alumna. No alumna crónica, no está de más aclararlo. La cronicidad es un sinónimo de lo antiguo, de lo arraigado. Está emparentado con lo quieto, con la imposibilidad de avance.
Cuando debuté como actriz, aprendí que existían cosas esenciales que no me habían sido enseñadas, y presupuse, tiempo después, que algunos maestros entienden que ese aprendizaje, que esos “detalles”, vienen con “el ejercicio de la profesión”, con el crecer en el devenir de cada actor.
Y en el devenir mío como actriz y también maestra ahora, corroboré,
(y sigo haciéndolo), que existen muchos
pre-supuestos alrededor de este oficio, y la mayoría de ellos están muy
alejados de lo que realmente significa actuar.
Ejerzo la docencia desde la praxis, absolutamente convencida de que debo transmitir el oficio, que tan cercano está todo el tiempo a nosotros, si queremos actuar, si realmente queremos ser actores o, si tan sólo, ¿por qué no?, queremos atravesar la experiencia de actuar, aproximarnos a ella, saciar la curiosidad, tener nuestra propia percepción del hecho teatral.
La vida como partitura y el actor como instrumento.
Lo que hace posible la sinfonía es el oficio.
Del oficiante.
Juntos, vamos a intentar afinar el instrumento.
